[31 de marzo] Fujiwara Miwako

March 15, 2009

fujiwaramiwakoiconUna vez se marchó Masako, Megumi y yo nos quedamos solas en el pasillo.
- Esa tal Kaede…- pregunté, puesto que la había reconocido, era una de las chicas que iba con Yusuke – ¿La conoces, Megumi?
- Poco, me han hablado de ella, pero… Suele estar metida en bastantes líos, por eso me suena. Te aconsejo no provocarla.
Al ver mi cara se rió.
- Ya lo has echo, ¿no?
- Si se le puede llamar a eso provocación…
Le conté rápidamente mi encuentro con el profesor de Biología y sus respectivas fans.
- Ya, también oí algo de ella y el club de fans. No lo tengas en cuenta, Kaede…
- …es así con todo el mundo – completó la frase una apagada voz detrás nuestra. Era Akemi – ¿Me dejáis pasar?
Caímos en la cuenta de que estábamos en el medio, obstruyendo el paso.
- Perdona.
Ella se alejó rápidamente, casi dando zancadas.
- ¿Vamos a dar una vuelta?
- Vale – acepté. Empezamos a andar por los jardines sin rumbo fijo. Buscando un tema de conversación, le pregunté:
- ¿Llevas mucho tiempo aquí?
- Bastante ya… Conozco a mucha gente – me contestó.
- ¡Megumi! – llamó alguien por detrás. Nos giramos extrañadas. La que había llamado a Megumi era una mujer de pelo largo, un poco alta, y tenía toda la pinta de ser profesora. Megumi sonrió, parecía feliz de verla y se acercó a ella.
- Profesora Aizawa, me alegro de verla.
- También yo a ti, Megumi. ¿Cómo has pasado las vacaciones?
- Muy bien, gracias… ¡Ah! Profesora, esta es Fujiwara Miwako, una de mis compañeras de habitación.
- De modo que es verdad lo que decían… Tenemos a una actriz famosa entre nosotros. Yo soy Aizawa Megumi, profesora de Literatura.
- Mucho gusto.
- ¿Iréis las dos a 3ºB? Entonces, nos veremos pronto.
Me había caído bien la profesora, aunque noté que no paraba de lanzar miraditas a la enfermería.
- Profesora, quería comentarle una cosa, sobre el temario de este año…
En ese momento, vimos las tres salir al enfermero, ya más tranquilo (hacía un buen rato que se había marchado toda la gente de la enfermería) ¿Fue imaginaciones mías o se le iluminó la cara a la profesora?
- Lo siento, Megumi, hablamos luego, Koishikawa me pidió una cosa y tengo que aprovechar ahora… ¡Koishikawa! ¡Koishikawa! – y se marchó corriendo.
- Esto… – dije yo, completamente extrañada.
- No importa – me dijo Megumi sonriendo – La buscaré luego. Bueno… Te seguiré enseñando esto. Seguro que aún no has visto la pista de deportes.
Se dividía en dos: por un lado, estaba el gimnasio, un edificio del mismo estilo que el resto, quizá un poco más pequeño. Y por otro lado, la pista en sí, con unas gradas bastante amplias, por cierto. Cuando entramos en el gimnasio, descubrimos que no estábamos solas.
- Hola de nuevo, Fujiwara – me saludó Fuyuki Mina – Cuanto tiempo sin verte, Saitô.
A su lado, sentado en un banco de madera, había un chico de nuestra edad, aproximadamente. Mina se dio cuenta de que no nos conocíamos:
- Ah, este es Takeda Ryuuji, nuevo este año.
- Fujiwara Miwako, también soy nueva.
- Encanta, yo soy Saitô Megumi.
- Mucho gusto.
- Me parece que estáis los tres en la misma clase – comentó Mina – Por cierto, si no habéis dicho a ver la clase aún, deberíais ir ya, porque creo que en media hora se va a cerrar el acceso, por la organización y tal…
- Sí, sería lo suyo… ¿Vamos, Megumi? ¡Ah! ¿Vienes, Takeda?
- ¡Sí, vente con nosotras! – ¿soy yo o Megumi parecía muy entusiasmada?
- No, gracias, yo estuve antes.
- Bueno, nos veremos mañana, pues. ¡Hasta luego!
- Hasta luego.
Salimos del gimnasio y anduvimos un rato en silencio, hasta que ella lo rompió:
- ¿Qué optativa te has cogido, Miwako?
- Eh…Español, aunque me costó lo mío decidirme.
- Bueno, practicarías Tareas Domésticas haciendo de Tooru, ¿no?
- No creas, salía una o dos veces como mucho…Se centraron más en la relación de los personajes. Y tú, ¿qué optativa vas a hacer?
- Español también.
- ¿Y Masako?
- Ni idea…Luego se lo preguntamos.
- ¿Habrá vuelto ya?
- Quién sabe…Vamos a ver la clase y volvemos a la habitación, a ver si ha vuelto ya.
Megumi sabía donde estaba el pasillo de 3º, pero me llevé un chasco, porque la mayoría de las clases no tenían cartel y la otra mitad, estaban vacías.
- ¿Sabes qué clase es?-le pregunté a Megumi.
- Si te digo la verdad… – dijo, abriendo otra puerta.
- ¿Buscáis algo? – nos preguntó una voz procedente del pasillo. Las dos asomamos la cabeza. Se trataba un chico con pinta relajada que, apoyado contra la pared, escuchaba música.
- Ah, sí… – dijo Megumi – 3ºB
- Es por allí – señaló al final del pasillo – La última. ¡Sadamoto! ¡Aquí hay dos chicas de nuestra clase!
El aludido asomó la cabeza de la clase que nos había dicho. Enseguida recordé que un amigo de Masako nos dijo que estaba con Taiki Sadamoto. Y allí estaba.
- ¿Ya has acabado? – preguntó el que nos había ayudado.
- Todavía no…Estaría bien que vinieras a ayudarme, Kobayashi.
- Ya – se incorporó y fue hasta allí – Venid, es esta.
Entramos en la clase. Estaba bastante desordenada, para que mentir. Las sillas estaban todas amontonadas contra la pared y Sadamoto las estaba colocando.
- ¿No se supone que esto lo hacen los de limpieza? – preguntó Megumi. Me había leído el pensamiento.
- En realidad, el tutor pasó por aquí cuando veníamos a ver la clase y como nos vio aquí, pues…
- Pero Kobayashi no está haciendo nada – protestó el chico, aunque no se le veía con problemas para llevar las mesas.
- Ya estoy aquí – le respondió este – No me he presentado, me llamo Kobayashi Hideki.
- Taiki Sadamoto – dijo mientras cargaba con otra mesa.
-Saitô Megumi, un placer.
- Fujiwara Miwako, encantada – murmuré – Espera, te ayudo – le dije, cogiendo la mesa. Entonces, me pregunté a mi misma cuantas veces me habría presentado ya a lo largo del día. Me reí. Taiki, que ya iba a por otra mesa, me miró.
- ¿Pasa algo?
- No, es que… Pensaba en la cantidad de veces que me habría tenido que presentar ya hoy.
- ¿Eres nueva? – me preguntó Hideki. Entre él y Megumi, llevaban otra mesa.
- Sí – contesté.
- ¿Tú salías en la tele, verdad? – me preguntó entonces Taiki.
- Sí… En Fruits Basket, hacía de Tooru Honda.
- Ya decía yo…
La verdad es que me ponía un poco nerviosa. Aunque yo también era famosilla, eso no evitaba que hablar con un cantante me pareciera la cosa más normal del mundo. Y encima íbamos a la misma clase…
- ¿Tú también eres nuevo, Hideki? – preguntó Megumi – No me suena tu cara…
- Sí, he venido nuevo este año.
- Entonces, tú también habrás tenido que presentarte un montón de veces hoy – bromeó.
Me miró un momento y sonrió.
- Sí, la verdad es que sí.
- Tú ya estabas aquí el año pasado, Saitô, ¿verdad? – preguntó Taiki.
- Sí, llevo aquí 3 años.
- Te había visto antes… ¿Ya no te vas con Tsuruya?
- Este año no… La he visto antes en el comedor, quizá luego hable con ella.
- Ya…
En ese momento, apareció alguien que conocía en la puerta, Masako.
- ¡Yo buscándoos y estáis aquí hablando!
En ese momento, sonó un móvil. Lancé una mirada de odio al mío, pero por una vez, no era ese, sino el de Masako.
-Sí… Sí, la que hablamos, con esa medida… No, esa no, como la de mi habitación, más bien… Negra esta bien… ¡Y con manta! – al decir esto, nos miramos todos un poco extrañados, sobretodo porque Masako casi gritaba – Vale… ¿Una semana? Perfecto. Recuerdos a todos, bye.
- ¿Tu familia? – preguntó Megumi un poco asustada.
- Más o menos – dijo sonriendo – Me envían para sacaros de aquí, que van a cerrar el pasillo. Una vez fuera, nos despedimos de Taiki y Hideki (Masako se presentó a Hideki, a Taiki lo conocería de antes) y volvimos a andar por los pasillos otra vez.
- ¿Sabéis con quién me he encontrado? – nos preguntó entonces, con emoción.


[31 de marzo] Yamaguchi Masako

March 1, 2009

yamaguchimasakoiconAburrida de esperar en el banco decidí ir al cuarto, porque seguramente mis compañeras ya habían llegado. Y no me equivocaba.
Para mi sorpresa la chica que me había preguntado antes, Miwako, era una de mis compañeras, y la otra se llamaba Saitô Megumi. A ambas se las veía bastante simpáticas (o al menos esa había sido mi primera impresión) y además íbamos las tres a la misma clase. Una vez finalizadas las presentaciones fuimos a dar un paseo por el ala femenina para enseñársela a Miwako, ya que tanto Megumi como yo la conocíamos de antes.
Me sorprendió bastante ver como muchas se paraban y miraban a Miwako mientras susurraban cosas, pero no presté demasiada atención, también me di cuenta de que el móvil de Miwako sonaba cada cinco minutos, ella lo miraba y resoplaba.
- ¿Estás muy solicitada no? – Dijo Megumi cuando ya sonó por decimocuarta vez.
- Sí… Bueno… – Dijo Miwako cogiendo el móvil – Me parece que lo voy a poner en silencio.
- ¿Tu familia? – Aventuré a preguntar.
- Que va… El… Manager.
- ¿Manager? – ¿Manager? ¿Eso no era lo que tenían los famosos?
- ¿No te habías dado cuenta Masako? Miwako salió en un dorama.
- ¿De verdad? La verdad es que tu cara me sonaba pero…
- Sí, exacto.
No hablamos mucho más del tema, no tenía la sensación de que fuera precisamente agradable, además de que no me pareció tan raro. El Seikatsu brillaba por tener alumnos inteligentes, guapos, famosos… Y lo más importante, con dinero.
Mientras nos dirigíamos al comedor, puesto que ya era la hora de comer, nos encontramos con mi “club de fans” como se llamaban ellas, Megumi y Miwako se sorprendieron, pero no fueron las únicas, ya que jamás pensé que las novatas me conocieran. Me las quité de encima lo más dulcemente que pude y seguimos hasta el comedor.
Una vez allí ya empecé a ver gente conocida, unos saludaban a Megumi, otros a mí, a Miwako… La señalaban y cuchicheaban, como si acabaran de ver un perro verde entrar en la sala. Al ir a sentarnos encontré a Akemi, una compañera de clase cuando estaba en 1º sola en una mesa, a su alrededor parecía que hubiera una valla invisible, ya que casi nadie se acercaba, Miwako la miró sorprendida, Megumi parecía haber oído hablar de ella, así que pensé que no sería mala idea sentarnos allí, así se la podría presentar y no estaríamos tan apretujados con los otros alumnos.
- ¡Kemi! – Dije acercándome a la mesa – ¿Nos podemos sentar? – Asintió con la cabeza – Chicas, os presento a Kimihiro Akemi, no es muy habladora, pero es buena gente.
- Encantada, yo soy Saitô Megumi – Dijo con una sonrisa.
- Y yo Fujiwara Miwako – miró a su alrededor – ¿por qué todos nos miran de esa forma?
- Déjalos, la gente de aquí es muy… No sabría que calificativo usar exactamente.
- Oí hablar de ti a unas chicas de mi antigua clase, no tienes muy buena fama, ¿verdad? – Dijo Megumi, Akemi ensombreció la mirada.
- Sí, pero son todos rumores estúpidos, vosotras ni caso.
Antes de empezar a comer apareció una chica entre la multitud intentando abrirse paso, Akemi la miró y nos dijo que la conocía del año pasado y que era su compañera de habitación. Por un momento tuve la sensación de que nos miró, pero se encontró con sus amigas y se fue. Todas empezaron a comer y yo me di cuenta de que no había cogido palillos, así que me disculpé y fui a por unos. Cuando me quise dar cuenta Kaede rondaba por nuestra mesa, me di cuenta de que algo no iba bien.
- Kaee~de-chan – dije apareciéndome a sus espaldas – ¿Qué tal todo chica?
- Ma-Ma-Masa-Masako – Dijo mientras me miraba de reojo.
- ¿Conoces ya a mis compañeras de cuarto?
- Sí… – entonces miró a Miwako de reojo, con resentimiento en la mirada.
- ¿Y qué tal con Kemi? No le habrás dicho nada malo, ¿no?
- ¡Qué va! – Y tras decir eso salió corriendo.
Me senté en la mesa ante la mirada sorprendida de todas (menos Akemi). Empecé a comer tras el clásico Itadakimasu.
- Parecía como si Kaede te tuviera miedo – Dijo Miwako, tras eso dijo ella también Itadakimasu y se puso a comer.
- Es verdad, yo creo que hasta estaba sudando – Dijo Megumi antes de empezar a comer ella también.
- Pues sí, misteriosamente me tiene mucho miedo, aunque yo no le he hecho nunca nada…
- Bueno… – dijo Akemi casi en un susurro.
- ¿Acaso le hizo algo? – preguntó Miwako, Akemi como de costumbre no respondió.
Terminamos de comer y Akemi se fue a su cuarto, aunque le habíamos dicho que diera una vuelta con nosotras, pero casi en un susurro nos dijo la famosa excusa de “tengo que terminar de ordenar” y salió de allí. Fue entonces cuando recordé que no le había preguntado en qué clase estaba, por suerte Megumi sí lo había hecho, 3ºB, igual que nosotras.
Mientras dábamos una vuelta por el recinto (y en cierto modo así aprovechábamos a enseñárselo a Miwako) nos encontramos con Yukihiro, un compañero que tuve en 1º año y el cual me calló especialmente bien, lástima que en 2º perdiera un poco el contacto con él. Estuvimos hablando y dijo que tenía de compañeros a un tal Kobayashi Hideki, el cual parecía nuevo y al famoso Sadamoto Taiki, en ese momento Miwako soltó un involuntario “¡Ah!” (el cual supongo que sería involuntario ya que luego se tapó la boca y se disculpó).
Seguimos paseando, y entonces me di cuenta de que Megumi parecía buscar a alguien, tal vez a un amigo. Fue entonces cuando recordé que no había ido a hablar con la profesora de Literatura para hablar sobre el club de escritura literaria, era un club pequeño al que de vez en cuando venía alguien, pero no teníamos muchos miembros destacados, de hecho, los que más íbamos éramos Yukihiro y yo. Tras disculparme con Megumi y Miwako las dejé solas y fui corriendo ha hablar con la profesora.
Mientras corría con prisa choqué contra alguien al doblar la esquina del edificio principal. Por lo visto el también llevaba prisa ya que del impacto ambos caímos al suelo.
- Podrías mirar por dónde vas – Dijo levantándose.
- ¿Qué? – Le miré a la cara, por lo visto no estaba muy contento, en cierto modo su cara me recordó a la de un pájaro al que le acaban de enjaular, pero nada, imaginaciones mías, seguro – Perdón – Dije a regañadientes y me fui.


[31 de marzo] Minamoto Masaki

March 1, 2009

minamotomasakiconEl caballero abrió la puerta de madera de una patada. Allí, delante suyo, se alzaba el trono que le correspondía, pero sabía que no estaba solo… Amkildohr le esperaba allí sentado, con el hacha sobre sus rodillas. Mientras desenvainaba la espada, su enemigo se ponía en pie. Corrieron el uno hacia el otro y, con todas sus fuerzas, ….

“Ring~ ring~”

Abrí los ojos y miré el reloj de mi mesilla. “Las ocho y media, ¿quién puede ser a esta hora?”

Me levanté y cogí el teléfono.

- ¿Diga? – tenía la boca seca y me notaba cansado. ¿Qué habría estado soñando?
- Cariño, soy yo. – era la voz de mi madre – ¿Has preparado ya tus cosas para marcharte al Seikatsu Gakuen?
- ¿Eh? Ah, sí, claro. Anoche me fui a dormir tarde porque estuve haciendo la maleta y recogiendo mi habitación – mentí. Lo que había estado haciendo era pasarme música al Ipod.
- Te he dejado algo de dinero en la mesa de la cocina para el taxi. Acuérdate de llevar el neceser, ¿de acuerdo? No sé si tu padre y yo tendremos tiempo esta semana de llevarte al instituto lo que te dejes olvidado en casa.
- Mamá, tampoco soy tan descuidado.
- ¿Seguro? No sé, hijo. Solo tienes la cabeza en esos videojuegos tuyos. No sé por qué te gustan tanto, de verdad…
- Bueno, sí, vale… Te cuelgo, que tengo que prepararme para irme. Aaadiooos.
- Llámanos esta noche… – fue lo último que le oí gritar antes de colgar.

Para variar, mis padres estaban taaaan ocupados con el trabajo que no eran capaces ni de despedirse de mí en persona. Menos mal que ya estaba acostumbrado.

Me puse manos a la obra. Desconecté todos los cargadores que tenía enchufados y los guardé en la maleta. También guardé los juegos que me quería llevar, metí la DS en la mochila y abrí el armario.

“Humm… allí llevo uniforme, así que no me hará falta casi ropa, no?” – pensé mientras giraba mi cabeza y dirigía mi vista a la Wii. – “No, mejor no, no sé si tendré televisión allí y, al menos el neceser y la ropa interior tienen que caber”.

Empecé a tirar mi ropa interior a la maleta cual jugador de la NBA y decidí que me llevaría un pantalón de chándal, que me vendría de perlas si algún día tenía que saltar alguna valla, y un pantalón largo de color marrón. Aparte de eso, metí cinco camisetas, una sudadera blanca, el neceser y mi mascarilla anti polen.

Cuando terminé de preparar lo que me quería llevar, fui a la cocina, me comí un bollo que encontré por ahí y guardé le dinero en el bolsillo. Metí en la mochila las medicinas para la alergia, encendí el Ipod y salí a la calle.

El taxi me dejó justo en la puerta. Al menos, por fuera el infierno parecía un lugar agradable… Me dirigí hacia donde veía ir a todo el mundo que entraba y llegué a la secretaría. Allí, me dieron el horario, la lista de profesores y las llaves de la habitación, y me fui corriendo para inspeccionar el lugar.

Mientras vagaba por allí con mi maleta y mi mochila a la espalda, pensando que tal vez la enfermería podría ser un buen sitio para esconderme cuando me aburriese en clase, me topé con una multitud que colapsaba el pasillo. Miré por encima de sus cabezas y me di cuenta de que estaba equivocado. O allí eran todos unos enfermizos o la enfermera estaba muy buena, cosa que me daba lo mismo. El caso era que la enfermería era un foco de gente y tendría que buscar otro sitio para relajarme… en fin.

Por el pasillo escuché cómo cuchicheaban algunas chicas y decían que habían visto a no sé qué cantante guapísimo y a la protagonista de un drama de moda. “Puf… encima eso… espero que esos famosetes no estén en mi clase. Bastante he tenido con conocer a los clientes súper pijos de mis padres como para encima tener que aguantar a dos estrellas del cine y el pop cada día”. Pensar eso hizo que me entrasen ganas de correr y marcharme de allí, pero acababa de llegar a la puerta de mi habitación, así que, al menos por ese día, me quedaría allí y vería qué pasaba.


[31 de marzo] Kimihiro Akemi

March 1, 2009

kimihiroakemicon1Llevaba varias horas despierta (exactamente, desde las cinco de la mañana). El día amaneció cuando casi estaba acabando la maleta. Era muy propio de mí dejarlo todo para el final. De todas maneras, ya era una rutina. El despertador sonó, perezoso, solo para indicarme que mí familia estaría ya levantada, y era la hora de desayunar. No había prisa, vivía prácticamente al lado del colegio. A cinco minutos andando. Tampoco tenía que hacer esperar a nadie, porque no tendría compañía alguna hasta allí. Vivía en un barrio bastante bueno de Tokio (con solo mencionar el Seikatsu Gakuen, extrañamente, todo el mundo sabía en cual.) Me puse rápidamente el uniforme de invierno, y bajé a desayunar. Nada parecía indicar que aquel fuese el primer día de mi tercer año de colegio en el Seikatsu Gakuen. Yumi empezaba en una semana, así que la cosa estaba bastante tranquila. Y a mí solo me interesaba lo que le pasaba a mi hermana.

- Buenos días – dije casi en un susurro.
- ¡Buenos días, one-chan~~!- casi gritó Yumi al verme. Esbozó una de esas calidas sonrisas que sospechosamente, estarían relacionadas con el cambio climático.
- Buenos días- al unísono, mis padres levantaron la cabeza para mirarme y observar, que, efectivamente, era una mañana más en la que no sonreiría como antes, no les abrazaría enérgicamente como antes y no me mostraría, en definitiva, tan “yo” como antes. Porque nada iba a cambiar. Era una mañana más en mi vida.
Les dirigí una inexpresiva mirada que dejaba claro que no se hicieran ilusiones en cuanto mi comportamiento. Cogí un cuenco de arroz y me senté silenciosamente junto a Yumi, que no perdía la sonrisa.
- Hoy he quedado con Rumiko-chan para ir al zoo. Tenemos que aprovechar los últimos días de vacaciones. Pero no se si Yoruichi-san nos podrá llevar, tiene mucho trabajo en la oficina. También teníamos pensado ir en tren.
- Dile a Rumiko-chan, que os llevaré yo, así Yoruichi-san no tendrá que preocuparse.
- ¡Arigatoû okaa-san!

Rumiko-chan era la mejor amiga de mi hermana, pero también mi prima pequeña. Las dos tenían la misma edad, siete años. Yoruichi-san era, obviamente, mi tía, la hermana de mi padre. Trabajaba en publicidad, por eso, estos últimos días había tenido más trabajo por los innumerables anuncios que se emitían por la televisión. La vuelta al “cole”, ya se sabe.

-Akemi, ¿no tienes intención de ir con nadie al Seikatsu Gakuen? – preguntó intencionadamente mi madre.
Negué de forma energética.
- No hace falta.
- Pero…Akemi.
-He terminado, me voy- dije con un tono cortante, dando por finalizada la conversación. Casi no había tocado el cuenco de arroz, pero no quería permanecer allí ni un minuto más.

Subí los escalones de dos en dos y entré en mi habitación. La maleta ya estaba acabada, pero faltaba mi bolso…y peinarme. Hice esto último sin muchas ganas y reuní las cosas que pensaba llevarme encima de la cama: un espejito de mano; el monedero (que muchos yenes no tenía, mis padres me habían prometido mandarme más, no sabía si creérmelo); una calculadora (dentro estaban mis ahorros secretos); un lápiz con una goma y una libreta; el móvil; y por último el mp4. Lo encendí y eché un último vistazo a mis cosas, a sabiendas de que no volvería a verlas en un tiempo: mi cama; el escritorio (con algunos papeles todavía por encima); la tele (¡dios, como echaría de menos la tele!); y el tablón. Me fijé en este último con más atención. En él, había una foto clavada con una chincheta. En ella, salíamos Miki y yo. Aunque mi cara estaba emborronada con rotulador negro, de modo que no se veía. Yo misma lo había hecho. Tampoco me miraba al espejo. Quería olvidar mi cara. Quería olvidar a la asesina de Miki. Subí el volumen de la música.

Cogí todas mis cosas, con la bolsa que tenía el ordenador y bajé al primer piso. Estaba toda mi familia. Les miré inexpresivamente. Mis padres se acercaron a darme un abrazo y a desearme suerte, no era una despedida especialmente animada. A la derecha, estaba el caballete de mi abuela, que era pintora, de las mejores. Ella me había enseñado. Involuntariamente, me vinieron a la mente las últimas palabras que me había dirigido, aquellas que tanto me había esforzado en no recordar. “El artista pinta lo que siente, el artista pinta lo que es”

La puerta estaba abierta, tan sólo la traspase. Justo en ese momento sonaba Life, de Mika Nakashima (mi cantante favorita). Cuando salía ya por la puerta del jardín, oí que alguien me llamaba débilmente. Me di la vuelta. Era Yumi, no me había despedido de ella todavía, porque ella siempre salía todos los años a despedirme al jardín. Era mejor así, siempre tenía algo que decirme, que no tenían que oír mis padres. Me quité uno de los cascos, cosa que solo hacía con ella. No dejaba de escuchar música cuando estaba hablando con la gente. Generalmente, bajaba un poco el volumen, suficiente para poder escuchar lo que tenían que decirme. No solía mantener conversaciones largas con el resto de la humanidad. Era consciente de que esto suponía una falta de respeto. Siempre he pensado que para cada momento existe una canción, y sin esta, lo que esté ocurriendo no se entiende totalmente. Y de eso me encargaba yo, de poner música al momento.

- Akemi… vuelves a estar triste- y esto me lo estaba diciendo una niña de siete años- mamá y papá hablan mucho del tema. Cada vez que vuelves al colegio estás más y más triste.
- No te preocupes Yumi…
- Por favor Akemi, vuelve a sonreír como antes.- suplicó casi en un susurro
No pude complacerla. No podía sonreír, era incapaz, lo había olvidado. Lo único con lo que pude corresponderla fue con una extraña mueca de tristeza. Pensaba que Yumi se pondría a llorar, pero hizo todo lo contrario. Sonrió calidamente. Ella sonreía por las dos.
-Adiós one-chan, cuídate y haz muchos amigos- tiene narices que esto me lo tenga que decir mi hermana pequeña – cuando vuelvas…sé que sabrás sonreír.
Nos abrazamos unos segundos. Ojala hubiese podido meterla en una maleta…Nos separamos, y finalmente, me fui.

Vivía, como os estaba contando antes, en un vecindario muy conocido. No solo por el Seikatsu Gakuen. Mi barrio estaba lleno de mansiones. Muchas de las personas que vivían allí eran ídolos de Japón. Aunque no lo pareciese, era especialmente adicta a los doramas. Había oído a algunas chicas que pasaban por la calle decir que una actriz muy conocida vivía desde hacía poco allí. Aunque en ese momento no conocía a Miwako, me lo habría imaginado. Aprovecho estos cinco minutos para contaros mis años anteriores a aquel en el Seikatsu Gakuen. Miki falleció un mes antes de entar en el colegio, exactamente una semana antes de que se supiesen los resultados de los exámenes. Cuando fui a comprobar mi admisión, descubrí que Miki había sido aceptada. Aunque ella no podría estudiar en el instituto, siempre había su sueño entrar en el Seikatsu, así que decidí que yo lo cumpliría por ella.

En el primer año, mi tutor fue Takamori Yusuke, también conocida como el profesor de Biología. Siempre he tenido muy buena relación con él. Aunque hay que especificar lo que yo entiendo por “buena relación”. Dícese de aquella relación de tratamiento frío y momentos de unión escasos. Vamos “vive y deja vivir”. El momento en el que más unidos estuvimos fue cuando Kaede, “misteriosamente”, se enteró de lo que le hice a Miki. Esto supuso que el club de fans que acarreaba detrás intentase sacarme los ojos. A partir de ese momento, la gente empezó a murmurar sobre qué tipo de persona era. En aquella época perdí dos cosas, la sonrisa y la posibilidad de tener amigos. También conocí a Yamaguchi. Me llamó la atención porque desde el primer mes acabó teniendo un club de fans. Fue ella la que me puso mi mote, Kemi (aunque solo me lo llamaba ella). También conocí a Aoki. Lo poco que puedo decir de él es que siempre ha sido mi rival en las notas. Por alguna extraña razón siempre se empeñaba en superarme deliberadamente (aunque no siempre lo conseguía). Estábamos bastante igualados. Los tres coincidimos en clase en nuestro primer año.

En el segundo año, mi tutor fue Takatsuka Sosuke. “Profe” de Mates. Éramos muy diferentes. Aunque en sus clases fuese un verdadero hacha, fuera tenía el típico club de fans que le seguía a todas partes, por no hablar de Yamaguchi… A pesar de ello, me encantaban sus clases, hacía las matemáticas amenas, divertidas e impartía su asignatura con dedicación ¿qué más se le podía pedir a un profesor? De alumnos, la única con la que me relacioné un poco más fue con Rina Tsuruya. Pasábamos mucho tiempo en la Biblioteca estudiando juntas. Los encuentros eran, generalmente, sin premeditación, a no ser que nos pusieran un trabajo para clase de por medio. Era una persona callada, pero con una sonrisa preciosa que rivalizaba con la de mi hermana. ¡Qué envidia! Era una de las mejores estudiantes del curso. Había oído muchas cosas sobre ella en el Seikatsu: su padre poseía una gran compañía, y la mayoría de los alumnos pensaba que había entrado en el colegio con el dinero de su padre, pero cualquiera que hubiese estudiado alguna vez con ella, o hubiese hecho un trabajo para clase en el mismo grupo, se daría cuenta de que se esforzaba en cada paso que daba. En cierta manera. Me recordaba a Miki. En el segundo trimestre Kaede se encargó de ponerme un segundo mote: Asesina. Esto supuso un poco el distanciamiento con Tsuruya, pero no me importaba, estaba mejor así.

Ya podía ver las grandes puertas del Seikatsu Gakuen, uno de los institutos más prestigiosos de todo Japón abriéndose para los nuevos y veteranos estudiantes en un año más de clases. Vi algunas chicas de primer año lanzando grititos de alegría al pisar por primera vez el patio del colegio. Por un momento pensé que no sería para tanto, pero había que contar con que el profesor Takatsuke acababa de hacer su aparición, y claro, obviamente merecía la pena emocionarse. Saqué del bolsillo delantero de la maleta el papel que debería entregar en secretaría con la optativa. La mayor parte de los estudiantes elegirían Español por el nuevo Sensei que el colegio había contratado. A mí, no me interesaban eso temas, pero había que reconocer que el chico parecía sacado de un dorama. Entré apresuradamente en la recepción (un precioso edificio con paredes de un mármol blanco impecable), en el mostrador me esperaba el subdirector. Me saludó de manera educada, como de costumbre (¡si es que no había cambiado absolutamente nada!)

- Buenos días Kimihiro, ¿Qué tal estos días de descanso? – sonrió divertido al ver que le entregaba el papel y levantaba ligeramente la cabeza para mirarle a los ojos.
- Buenos días. Bien, espero que el suyo también, nos vemos.
Me despedí con una inclinación de cabeza, al igual que él, pero antes me tendió unos cuantos papeles, que contenían la información de mi habitación, mi compañera, mi horario y mi clase. Este año me tocaría como tutor Motoyuki Ken, el “profe” de Sociales. Me caía bien.

Salí rápidamente por la puerta, vi de reojo como Yamaguchi entraba en recepción, con el mismo motivo que yo. Ella no me vio, y yo no iba a saludarla (¿Acaso pensabais que sí?). Leí los papeles, que seguía manteniendo en mi mano, quería saber en qué habitación y, para qué negarlo, con quién. Recorrí rápidamente las líneas y me quedé de piedra al saber quién era mi compañera de habitación: Tsuruya. No sabía si ir a reclamar o qué hacer. Ya lo pasó mal por mi culpa en el segundo año (Kaede, como no, convenció a la mayor parte del instituto de que era mi cómplice en el asesinato de mi mejor amiga ¬¬U). No me importaba lo que dijesen de mí, porque me lo merecía, no lo iba a negar tampoco, pero Tsuruya no tenía nada que ver conmigo. La chica, a pesar de eso, no quiso dejarme sola, y seguía haciendo todo igual que antes de que Kaede dijese nada. Al final, quien no pudo soportarlo, fui yo, le pedí que me dejase sola. Ahora ya no se si me siento culpable por tratarla así, o por no haber hecho aquello antes. Se ve que no puedo estar con nadie sin que pase algo malo. ¡Soy gafe! Alguien interrumpió mis pensamientos, estaba leyendo por encima de mi hombro.

- ¡Vaya, Kimihiro, te ha tocado con Tsuruya!- la profesora Mashasi me sonreía alegremente.- dime que te has apuntado a Tareas Domésticas, por favor, Serizawa-sensei me está quitando a todos los alumnos (y alumnas TT__TT).
- Sí, Mashasi-sensei, elegí su clase como optativa- hice una de mis típicas muecas que intentaba sustituir a una sonrisa. La profesora agradeció el intento.
- ¿Mashasi- sensei? Pareces de primer año cuando me llamas así.
- Perdón, Namie-san.- tenía que seguir hacia las habitaciones, la maleta cada vez me pesaba más y tenía ganas de tumbarme en la cama y hacerme la muerta un rato.- Nos vemos.

Me despedí con una pequeña inclinación de cabeza a la que ella respondió con una sonrisa. Seguí por el camino baldosado, tirando como podía del enorme armatoste que tenía por maleta, en aquel momento resonaban en mis oídos las estrofas de Misery Business (Paramore). El ala de las habitaciones no estaba tan alejada. Llegaría en un momento hasta ellas. Cuando cruzaba por uno de los (estrechos) caminos, sentí que alguien me empujaba. En el suelo, levanté la mirada para ver quien era aquella persona. Kaede.
- ¡Huy! Perdón, no sabía que hubiese nadie en el camino. Pero tranquila, ¿eh?, no me mates, asesina. Mira por donde vas.
Yo no dije nada, simplemente me levanté. Cuando me disponía a marcharme, Kaede me agarró del hombro.
-Aún no te has disculpado.- dijo riéndose cruelmente, mientras su séquito le seguía el juego.

Me zafé de su mano y seguí mi camino. Que no esperase de mí más que miradas envenenadas y planes de asesinato, que no estaba segura si se llegarían a cumplir algún día. La música resonaba en mis oídos con fuerza, y hacía que me marease. Me debía de haber hecho daño en la muñeca, porque sentía pequeños pinchazos de dolor. Notaba que la sangre fluía a través de ella. Vale, sí, definitivamente me dolía la muñeca como para irme a quejar a la enfermería. Me desvié de mi camino (que ya se estaba alargando más de lo necesario), y me fui derecha a la enfermería. El panorama allí era desolador. Koishikawa-san estaba en el suelo, había un grupo de chicos que se encontraban en lamentables condiciones (por culpa de unas maletas rusas, o algo así, no lo oí bien) y la profesora de literatura, Aizawa-san, estaba en proceso de reanimar al verdadero enfermero.

- En fin, vuelvo luego.- dije dando media vuelta y marchándome.
En la puerta de la enfermería me encontré con Toshiro-san, que miraba con aire preocupado el mismo panorama que yo ya me disponía a dejar tal y como estaba.
- ¡Kimihiro! ¿Sabes lo que ha pasado?- me observó de arriba abajo, y se fijó en mi muñeca.- ¡¿Qué te ha pasado, cómo te has hecho eso?! – parecía más preocupada que yo.
- Nada, una mala caída.- intenté escaparme, pero no hubo suerte
-¿Y por qué no dejas que te examine la mano Koishikawa?- me dijo, cogiéndome de la muñeca sana.
Me volví para observar la enfermería.
- ¿De verdad creé que Koishikawa-san está disponible?
Ella echó un vistazo grave a su alrededor y me soltó.

- No, realmente no.- sonrió- It’s OK. Bye bye~~ darling!

Memoricé el número de mi habitación, y metí los papeles en el bolsillo delantero de la maleta. Ahora debía tener las manos libres para poder llevar la maleta más fácilmente. Salí otra vez al patio principal, y me orienté hasta que conseguí saber por donde debía avanzar hasta las habitaciones. La verdad es que el colegio valía lo que costaba la enseñanza en él. Era un instituto impresionante, de cara al público, como un sueño inalcanzable. Y eso era exactamente el Seikatsu, el colegio con el que soñaría cualquiera, porque de puertas para afuera, era perfecto. Seguí por el camino baldosado. Miré un poco a mí alrededor: veía caras que me eran conocidas, y otras que no había visto en mi vida. Me fijé en las altas cristaleras poblaban las paredes, la vegetación adornaba las estancias…Me choqué contra alguien, y estuve a punto de caer, si no hubiese sido porque la persona con la que choqué me cogió por el brazo. Me había golpeado en la muñeca mala.

- ¡Ay!- gemí inconscientemente.-¡Qué daño!
- ¡Kimihiro! Disculpa. ¿Qué te ha pasado en la mano? La tienes hinchada.
El profesor Takamori me cogió suavemente la maño, preocupado.
- No tiene buen aspecto, ven, te acompañaré a la enfermería.
-¡No! ¡A la enfermería no! – Dije entre sofocos – Ahí no hay quien entre.
Takamori-sensei me cogió la maleta.
- Entonces te vendaré la muñeca en tu habitación. Te acompaño.
- No hace falta…
- Insisto – dijo el cortante.

¡Genial! Lo que me faltaba para que Kaede me acabase de coger manía. Que su profesor favorito, del cual es la presidenta de su club de fans, me acompañase hasta mi habitación llevando mi maleta. Me denunciarían por maltrato a un profesor. Ninguno de los dos dijo ni una palabra más. Solo le seguí mientras me acompañaba hasta la puerta del ala, donde se paró un momento.

- ¿Qué número es el de tu habitación?
Se lo dije rápidamente. Subió mi maleta hasta la habitación y se acercó al cuarto de baño para abrir el botiquín y sacar las vendas y una especie de pomada que olía raro. Se sentó en la cama, y me indicó que hiciese lo mismo.

- Creo que es un esguince de muñeca, si no la esfuerzas, seguramente se te cure en una semana. – dijo mientras aplicaba la pomada y empezaba a vendarme.

Me estaba vendando muy fuerte, y me hizo algo de daño.

- ¡Ay!- Takamori-sensei paró un momento de vendarme- no se preocupe, continúe.
El profesor continuó con su labor. Cuando hubo acabado, me puse en pie e hice una rápida reverencia.
- Siento haberle causado problemas.- intentaba ser educada, nada más – Muchas gracias.
El profesor sonrió. Se levantó y se dirigió hasta la puerta. Paró un momento en el marco.

- No hay de qué, Akemi-chan.- dijo casi en un susurro.

Me di rápidamente la vuelta, porque me resultó extraña la manera en la que me llamo. Bueno, en realidad no me importaba. Porque al fin y al cabo, y aunque me esforzase en intentar olvidarlo, todavía necesitaba que alguien me dedicase palabras amables. Me tumbé en la cama y cerré los ojos. Todavía no me había quitado el mp4 desde que había salido de casa. Como cada vez que me disponía a dormir, me vino a la cabeza Miki. Me contraje sobre mi misma. Algunas lágrimas se me escaparon. Todavía me sentía muy culpable por lo que había pasado, pero, aunque hubiese olvidado como sonreír, aunque todo lo que dibujase se volviese oscuro en mis manos, aún así, quería seguir en este colegio, porque era mi tortura. Lo merecía, y eso no había nada ni nadie, que pudiese cambiarlo. Cuando ya casi era la hora de comer, me quedé dormida.


[31 de marzo] Aoki Yukihiro

March 1, 2009

aokiyukihiroiconOtra noche de no dormir, realmente eso empezaba a cansarme, parecía mentira, vacaciones y es cuando descanso menos, por suerte hoy regresaría al instituto y me libraría del tenso ambiente de las últimas semanas, sólo me preocupaban Minaki y Auki; me habían pedido una vez más acompañarme, a pesar de que sabían que no era posible, como siempre les había prometido llamarles y escribirles constantemente, sabía que era muy importante para ellos ese contacto… a quien engaño, también era necesario para mi.
No habría problema si esta vez llegaba un poco tarde, al fin y al cabo las clases no empezarían hoy y ni modo, el precio de vivir bastante lejos de la escuela era que tenía un largo trayecto que recorrer, taxi, tren y luego de nuevo otro taxi. Tres horas en tren… tendría tiempo de sobra para adelantar la historia que acabo de comenzar.
Aun era temprano pero comencé a alistar las últimas cosas para evitar cualquier retraso extra.
El día anterior había preparado todo el equipaje que necesitaría, y había colocado la maleta a un lado de mi cama para no andar con prisas. El uniforme, camisetas, libros y mi preciado bloc de bolsillo.
Mis padres ya se habían despedido de mi en la cena, dándome consejos y recomendaciones, aunque a pesar de todo también saldrían hoy a despedirme, era lo normal.
- Nichan… – me di la vuelta, ahí estaba Minaki mirándome con tristeza, suspiré, vaya que esto siempre era difícil.
- Ya verás que dentro de nada nos veremos otra vez – le di unas cuantas palmadas en la cabeza. – Además cuando seas un poco más grande también podrás ir al instituto
Aquella esperanza siempre le hacía sonreír.

Comencé a bajar mis cosas pues el taxi no tardaría en llegar. Auki me esperaba levantada también en su pijama de ballenas amarillas y su cabello negro despeinado, seguramente se acababa de parar de la cama. La abracé por última vez al igual que a Minaki mientras sacaba mis cosas, ahí estaba ya el vehículo esperándome.
Inesperadamente mi madre me llamó y para mi sorpresa me abrazó con mucha fuerza, deseándome un excelente curso. Era extraño que se mostrara tan emotiva, pero no me quejé, la verdad era que me agradaba.

El trayecto en tren no fue tan pesado como imaginaba y antes de darme cuenta me encontraba de nuevo en Tokio, inspiré profundo, ya no tardaría en llegar.
Llamé otro taxi para que me llevara hasta la escuela.

En cuanto traspasé la puerta comencé a sentirme bien, alegre y entusiasmado, siempre era entretenido hacer expectativas sobre los profesores y sobre las clases. Había aglomeraciones de gente cada pocos minutos, me encontré con muchas caras nuevas, se les notaba porque la mayoría tenían caras de no saber a donde ir.
Era nuestro trabajo ayudarles a encontrar sus dormitorios, ya lo haría una vez que pasara a la secretaría a recoger mi horario y mi habitación, por lo que me dirigí hacia la secretaría.
- Yukihiro – una voz me llamó desde atrás.
Kazuma y Touya venían corriendo hacia mí, dos de los 5 a los que ansiaba ver. Bueno… no 5… 6… realmente tenía muchas ganas de ver a Yamaguchi también.

- Ni se te ocurra pasarte por la secretaría, el subdirector esta enfadado porque tuvo que cubrir a la secretaria y mejor no buscarle, ya sabes que tiene su límite.
- No sean exagerados Tamaki-sensei es bastante amable con los estudiantes.
- Tampoco vayas a la enfermería parece que hubo un caos originado por un montón de maletas rosas –Kazuma dudó un segundo y luego sonrió – aunque también sería divertido, él enfermero es muy entretenido.
- No dudo que te encantaría ir pero de todos modos tengo que ir a la secretaría por mi horario.
- Naaahh – dijo Touya haciendo un gesto con la mano mientras Kazuma sacaba dos hojas de papel y me las entregaba. Eran mi horario y el papel con información sobre mi habitación
- Ya lo hicimos por ti, espero que no te moleste pero te inscribimos en español como optativa, sabíamos que ya no querías estar en Tareas Domésticas así que elegimos por ti.
- Además si lo intentaras ahorita ya no encontrarías lugar, se saturó debido al profesor – Kazuma torció el gesto- en su mayoría el grupo está conformado por chicas. Así que buena suerte Yukihiro.
- Vaya gracias, pero no creo que sea tan malo, por cierto ¿cómo lograron que el subdirector les diera mi horario?
- Estaba muy distraído y había demasiada gente para que se diera mucha cuenta de lo que hacía, además ya sabes que siempre tiende a confundirnos
- Por cierto, deberías alegrarte, te tocó en una de las nuevas habitaciones de 3, aunque no tengo ni idea de con quien, no conozco a un tal Hideki Kobayashi, debe ser nuevo, pero creo que Sadamoto ya estaba aquí desde segundo, además debería de sonarte porque es un cantante internacional.

Con que el ala nueva, eso si que era sorpresa, no tenía idea de que me tocaría en una de las habitaciones para tres.

¿Estás con Sadamoto? – otra voz conocida, me di la vuelta y me encontré a Kaede mirándome con ilusión.
- Sí Kaede, está con Sadamoto, no me digas que te gusta – Kazuma nunca perdía oportunidad para molestarla.
Comenzaron a discutir, ahora Touya también había comenzado a molestarla.

- Bueno chicos, los dejo, voy a investigar que tal es mi habitación los veo al rato – me hicieron un gesto con la mano y siguieron discutiendo, comencé a encaminarme hacia la nueva ala.

En cuanto entré me di cuenta de que no era muy diferente de las otras habitaciones, pero aun así era muy agradable. Mis dos compañeros ya se encontraban ahí y estaban platicando animadamente cuando entré. Ambos se volvieron a mirarme, la cara de uno de ellos me era familiar, fue el que habló primero.
- ¿Tú debes ser Aoki Yukihiro verdad?


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